Punto de vista de Mia
Para cuando Alan finalmente llamó, me dolía el pecho con esa punzada dolorosa que produce llorar demasiado y pensar demasiado. Tenía los ojos hinchados, la cabeza palpitaba, el cuerpo exhausto de cargar con emociones demasiado pesadas para una noche y una mañana. Zara seguía a mi lado, con el brazo sobre mis hombros, murmurando palabras tranquilizadoras que apenas oí.
Entonces sonó mi teléfono. Lo miré y finalmente... Alan.
Respiré con tanta fuerza que me dolió. Por una fr