La celda era estrecha, húmeda, y estaba impregnada del hedor a desesperanza. Compartir aquel espacio reducido con otras mujeres, cuyos rostros endurecidos y miradas frías reflejaban historias de violencia y resentimiento, la llenaba de temor. Se encogió en un rincón, como un animal herido, evitando cualquier contacto, físico o visual. No quería provocarlas… no quería destacar. La noche fue interminable. Desde su rincón, escuchaba los gritos, las discusiones, los golpes que retumbaban por los pa