La madre de Daniel, al verlo tan triste y de muy mal humor, decidió hablar con él. Tocó a la puerta del estudio donde se había quedado el día anterior y a esta hora de la tarde no había comido nada y no deseaba hablar con nadie.
—Hijo, por favor, quiero hablar contigo.
—Madre, no deseo hablar con nadie, por favor —respondió él. Pero su madre, sin prestar atención, ingresó a la oficina. Era lamentable el estado de su hijo: estaba sin bañarse, con una barba desarreglada y había muchas botella