El coche se detuvo frente a un hotel lujoso, su fachada iluminada por luces cálidas que resaltaban la piedra clara y los grandes ventanales. Una alfombra roja se desplegaba ante la entrada, y valet parking en impecables uniformes se movía con precisión calculada entre los vehículos que llegaban.
El murmullo de invitados vestidos de gala llenaba el aire, mezclado con el suave tintineo de copas y el aroma lejano de flores frescas dispuestas en altos jarrones. Todo parecía coreografiado pasos elegantes, risas medidas. Lucía respiró hondo, absorbiendo cada detalle de su entorno.
Ethan bajó del coche primero. Su presencia era discreta rodeó el vehículo y abrió la puerta para Lucía con precisión casi militar.Abrio la puerta —Hemos llegado —dijo, con la voz baja y le ofrecio su mano para bajar.
Lucía descendió con cuidado.Ethan la guió por la entrada principal, donde la luz de los candelabros reflejaba destellos en los cristales de las grandes puertas.
El murmullo de los invitados y la músic