Benjamín observó el cuerpo inerte de Versalles con una frialdad que asustaría al mismo Leandro. No había remordimiento en sus ojos, solo la satisfacción de quien finalmente ha reclamado lo que cree que le pertenece. Carola entró en la habitación, temblando al ver la escena.
—Cumpliste con tu parte —dijo Benjamín sin mirarla, mientras guardaba el arma con parsimonia—. Mañana encontrarás un sobre con tu pago en el lugar de siempre. Desaparece de la isla por unas semanas si aprecias tu vida.