**Mikail**
Sabía que Lyra no se sentía del todo cómoda en la mansión, a pesar de que había ordenado personalmente que nadie osara molestarla.
Les dije a todos —guardias, sirvientes, miembros del consejo— que su estancia debía ser impecable, que no quería una sola queja, ni un solo murmullo.
Pero, por supuesto, las palabras se desgastan pronto en una casa tan llena de lengua afilada y ojos curiosos.
Lyra era ahora el centro de miradas. Algunas, cargadas de deseo. Otras, teñidas de celos y despr