Mikail observó a Lyra mientras dormía.
Su rostro, hermoso y angelical, libre de preocupaciones en ese instante, lo hizo esbozar una sonrisa involuntaria.
Aún le costaba comprender cómo había llegado a este punto, cómo aquella mujer que una vez fue nada más que una esclava ante sus ojos ahora le provocaba un sentimiento tan profundo que le aterraba reconocerlo.
Sacudió la cabeza, como si eso bastara para disipar el torbellino en su mente.
Con un suspiro pesado, se puso de pie y salió de la caba