**Mikail**
La brisa de Wolvencrest golpeó mi rostro apenas crucé las murallas. Olía a humo, sudor y furia contenida. No me tomó más de un segundo darme cuenta de que algo no iba bien.
Las calles estaban desbordadas. Hombres, mujeres, incluso niños alzaban la voz, los brazos y las emociones, clamando por justicia como si alguien hubiera liberado una bestia sin cadenas.
Avancé entre la multitud con pasos decididos. No había venido a ver un espectáculo, pero mis sentidos se afilaron cuando escuché