**Lyra**
El aire olía a humo, y desde la pequeña ventana comenzaban a colarse los ecos del caos.
Gritos. Risas desquiciadas. Golpes. El inconfundible crujido de maderas partiéndose y pasos corriendo.
Me abracé el vientre, sintiendo los latidos acelerados de mis cachorros, como si pudieran percibir el miedo que crecía en mí.
—Allá afuera está horrible, mi niña… —murmuró Ava mientras cerraba con fuerza las cortinas—. Deberíamos quedarnos aquí.
Asentí, aunque por dentro algo en mí no se alineaba