**Lyra**
Las consecuencias del ataque fueron peores de lo que imaginé.
Los gritos aún me taladraban los oídos. El olor a sangre y humo parecía haberse adherido a mi piel.
El refugio estaba lleno de personas temblorosas, rostros descompuestos por el miedo y la desesperanza.
Hice lo posible por calmar a todos: toqué hombros, ofrecí palabras suaves, abracé a quienes no podían dejar de llorar. Pero por dentro, yo también estaba rota.
La explosión fue como un rugido del infierno. Recuerdo la sensa