**Krimson**
No pude contener mi fastidio y enojo por las palabras del médico. ¿Quién se creía que era?
—Estás aquí para revisar a la paciente enferma, no para cuestionar mis órdenes —respondí con voz firme y algo seca.
El médico me examinó con cautela y, tras unos segundos, dijo:
—Está muy débil. Debemos quitarle las ropas mojadas.
Asentí sin apartar la vista de Lyra, y, dándole la espalda, permití que el médico trabajara.
Con manos firmes y precisas, retiró su ropa empapada, dejándola e