**Lyra**
El silencio en la habitación me resultaba ensordecedor.
Me senté en el borde de la cama, con los dedos entrelazados sobre el regazo. La reunión con el consejo había comenzado.
Me mordí el labio, una punzada de ansiedad latiendo en mi pecho.
Sabía que sería un momento de tensión. Caos, incluso.
Los ancianos no eran conocidos precisamente por su compasión, mucho menos por su apertura hacia una loba rechazada con cachorros de otro macho.
Me había dicho que estaría de mi lado.