La sala del consejo era un reflejo exacto de lo que representaban: fría, calculada, perfectamente diseñada para intimidar.
Las lámparas colgaban con una elegancia gélida, lanzando su luz pálida sobre el mobiliario moderno, de líneas afiladas y tonos neutros.
Cada silla estaba perfectamente alineada. Cada superficie brillaba como si hubiera sido pulida con intención quirúrgica.
Todo parecía relucir… excepto los rostros que me esperaban.
Serios. Juzgadores.
El presidente del consejo se puso de p