Rachel se quedó inmóvil por un momento, observando a Thomas con creciente desconfianza. Sus ojos, habitualmente hostiles, parecían ocultar algo, una intención que no lograba descifrar.
Había algo en su actitud que no encajaba; su amabilidad repentina y la forma en que se dirigía a ella sin razón aparente, encendían todas las alarmas en su interior.
Estaba claro que Thomas quería algo a cambio, pero ¿qué?
—¿En qué podrías ayudarme tú? —le preguntó con cautela, sin perder de vista la expresión