Más tarde ese día, en la plaza central de la manada, Alexander reunió a todos los betas y lobos de confianza. Frente a ellos, Gamaliel y Thomas estaban arrodillados, con las manos atadas a la espalda.
El aire estaba cargado de expectación; todos sabían que el momento de justicia había llegado.
Alexander se colocó frente a ellos, con la mirada gélida.
—Estos dos lobos —comenzó, su voz resonando entre los presentes—, han intentado destruir la manada desde dentro. Han conspirado, manipulado y enga