Rachel levantó la cabeza, su orgullo estaba herido por el tono del hombre.
—No me hable de esa manera —replicó, tratando de mantener su dignidad a pesar de la debilidad en su voz.
El entrenador soltó una risilla burlesca.
—No eres nadie aquí, muchacha. Ni siquiera has sido nombrada luna —espetó desdeñoso—. Solo te tengo aquí porque el beta me pidió que te entrenara con los demás lobos. Pero, honestamente, todos ellos han demostrado tener cierta resistencia, a pesar de ser muy jóvenes. Y tú, sol