Rachel sentía los músculos de su cuerpo arder con cada paso que daba. El campo de entrenamiento se extendía ante ella como una prueba interminable, llena de obstáculos que parecían multiplicarse a medida que avanzaba.
El sudor le corría por la frente, mezclándose con la tierra en su rostro, mientras el aire que intentaba inhalar se volvía cada vez más escaso.
Sabía que estaba llamando la atención del entrenador y de los demás, pero en ese momento no podía permitirse el lujo de fallar. Sin emb