Capítulo XXVII

Ilan

El lugar estaba en silencio cuando entré, pero ni bien crucé la estancia cuando Selene salió del dormitorio y corrió en mi dirección. Me sorprendí al sentirla trepar a mi cuerpo de un salto, como si fuera un koala, y me congelé en mi sitio cuando su calor se fundió con el mío en el abrazo más íntimo que había compartido con alguien después de Nami.

Su aliento en mi cuello me provocó un escalofrío que atravesó mi columna y de pronto me sentí tan expuesto y pudoroso, como si nunca hubiese es
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