Selene
La petición del padre de Ilan me dejó congelada en mi sitio, y la idea de diversión que vino a mi mente me transportó a Freud. A sus manos estrujando mi cuerpo, su boca maltratando mi piel hasta el punto de hacerla sangrar y las fuertes embestidas que me hicieron desear bañarme en ácido solo para reemplazar el asco por dolor; preferiría mil veces sentir sus golpes a tener que volver a ser desgarrada en cuerpo y alma por otro hombre.
Antes me ahogaría en el río que volver a pasar por lo m