Selene
—¿Falta mucho para llegar? —pregunté, arrastrando los pies. Subí mi pierna para pasar por encima de un tronco que estaba atravesado en el camino, pero el cansancio me hizo tropezar y caer de rodillas.
Las pequeñas ramitas del suelo se clavaron en mi piel y siseé por el dolor. El brazo de Ilan me rodeó la cintura y me puso de nuevo en pie en un solo movimiento.
—Gracias —pronuncié. Aproveché el mismo tronco con el que tropecé y me senté en él para descansar—. Soy un desastre, tal vez debe