Ilan
Caminamos durante horas siguiendo el cauce del río, y solo nos detuvimos para descansar algunos minutos de vez en cuando. El sol ya comenzaba a bajar y debíamos encontrar un refugio pronto; no habíamos comido nada aún, salvo algunas frutas silvestres que encontramos en el camino, pero mi estómago ya empezaba a dar molestias.
—Espera, por favor —pidió la humana—. No puedo seguir. Me duelen mucho los pies.
—A este paso no llegaremos nunca —increpé molesto, pero me arrepentí al voltear y verl