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Capítulo 3 (segunda parte)

Narra Nox

Empecé a caminar. Ella me siguió, manteniéndose a un paso de distancia.

El camino al Consejo atravesaba varios niveles de mi fortaleza. Pasamos por corredores de piedra negra pulida, escaleras que descendían más profundo en el territorio, estancias vacías que resonaban con nuestros pasos.

Kaia no habló durante el trayecto, pero sentía su mirada evaluando constantemente. Buscando debilidades. Memorizando rutas. Hábitos de alguien que había pasado años escapando.

No le servirían aquí. Mi fortaleza no funcionaba con lógica arquitectónica normal. Los caminos cambiaban según mi voluntad. Las puertas aparecían y desaparecían. Era un lugar vivo que respondía a su dueño.

Llegamos finalmente a las puertas del Consejo. Dos guardias demoníacos flanqueaban la entrada, sus formas apenas humanas bajo la armadura oscura. Me reconocieron instantáneamente y abrieron las puertas sin palabra.

La sala del Consejo era circular, con una mesa larga en el centro rodeada de sillas talladas en piedra. Cinco de los seis asientos estaban ocupados. Valdris en su lugar habitual frente a la entrada, Kaerith a su derecha, los otros tres distribuidos alrededor.

Todos me miraron cuando entré. Luego sus ojos se movieron hacia Kaia.

El silencio fue inmediato y pesado.

Valdris habló primero, su voz controlada pero con tensión subyacente.

—Príncipe Nox. Nos dejaste abruptamente.

—Fui invocado —respondí, caminando hacia mi asiento pero sin sentarme todavía—. Un mortal usó los símbolos antiguos correctamente. No podía ignorar el llamado.

—Y decidiste traer a ese mortal aquí —dijo Kaerith con su mirada fija en Kaia—. Sin consultar primero.

—La situación requirió decisión inmediata. Las Trece Llamas estaban a segundos de capturarla.

—¿Y eso nos concierne porque...?

—Porque ella es un Sifón.

El impacto de esas palabras fue visible. Varios miembros del Consejo se enderezaron inmediatamente. Valdris se inclinó hacia adelante.

—¿El Sifón que discutimos hace tres meses?

—El mismo.

—¿Y decidiste reclamarlo unilateralmente?

—Decidí actuar según los términos que acordamos. Ella buscó refugio voluntariamente. Eso me daba autoridad para reclamarla.

Valdris estudió a Kaia con expresión inescrutable.

—¿Es esto cierto, mortal? ¿Buscaste refugio voluntariamente?

Kaia vaciló, pero luego habló con voz firme.

—Invoqué a Nox y pedí protección. Él aceptó.

—¿Y entendiste los términos de esa protección?

Vi la duda cruzar su rostro. No los había entendido completamente. Pero también sabía que admitirlo aquí sería una debilidad.

—Entendí lo suficiente —dijo finalmente.

Kaerith soltó una exhalación que podría haber sido risa o desdén.

—Atrevida, al menos. Pocas mortales hablarían en esta sala sin temblar.

—Temblar no cambiaría nada —respondió Kaia.

Eso capturó la atención del Consejo. Valdris alzó una ceja.

—Inteligente también. Quizás esto no fue error tan grave, príncipe Nox.

—No fue error en absoluto —dije—. Fue una oportunidad. Ahora tenemos bajo control directo el único Sifón activo conocido. Nadie más puede reclamarlo. Nadie más puede usarlo contra nosotros.

—A menos que ella te drene y escape —señaló uno de los otros miembros.

—No escapará. Está marcada. Está bajo mi jurisdicción directa.

Extendí mi brazo y tomé el de Kaia, levantándolo para que el Consejo pudiera ver la marca claramente. Ella se tensó ante el contacto pero no resistió.

Los símbolos brillaron débilmente bajo su piel, respondiendo a mi cercanía.

Valdris se inclinó hacia adelante para examinar la marca más de cerca.

—Vinculación permanente. Bien hecho. Eso debería mantenerla contenida.

—Hará más que contenerla —dije, soltando el brazo de Kaia—. La convertirá en activo útil.

—Siempre que no te drene primero —repitió el otro miembro.

—No lo hará.

—¿Cómo puedes estar seguro?

Miré a Kaia directamente.

—Porque entiende que si me drena, pierde la única protección que tiene contra las Trece Llamas. Y porque sabe que la alternativa a estar aquí es significativamente peor.

Vi la tensión en su expresión, pero no me contradijo.

Valdris estudió la situación durante un largo momento, luego asintió una vez.

—Muy bien. Asumes completa responsabilidad por esta criatura. Si se convierte en problema, será tu problema.

—Entendido.

—Entonces no la dejes aquí. Llévala a tu fortaleza y asegúrate de que entienda exactamente lo que significa estar aquí.

No era una sugerencia, era una orden disfrazada.

—Por supuesto.

Me giré hacia Kaia.

—Vámonos.

Ella me siguió fuera de la sala sin decir ni una palabra. Las puertas se cerraron detrás de nosotros con sonido final.

Solo cuando estuvimos lo suficientemente lejos y en privado, ella habló.

—¿Qué acaba de pasar ahí?

—El Consejo aceptó tu presencia, más o menos.

—No sonaron particularmente felices al respecto.

—No lo están. Los Sifones son una amenaza histórica. Pero ahora que estás marcada como mía, tocarte significa desafiarme directamente. Y ninguno de ellos quiere ese conflicto.

—Entonces estoy protegida.

—Sí.

—Pero atrapada.

—También sí.

Ella cerró los ojos brevemente.

—¿Hay alguna forma de deshacer la marca?

—No.

—¿Ninguna?

—Es permanente. Diseñada específicamente para ser inquebrantable.

—Por supuesto que lo es.

Llegamos a otra sección de la fortaleza. Me detuve frente a una puerta que se abrió al acercarme.

—Esta es tu habitación, descansa. Mañana empezamos.

—¿Empezamos qué?

—Tu entrenamiento.

La confusión cruzó su rostro.

—¿Entrenamiento?

—Necesitas aprender a controlar el Sifón apropiadamente. Y necesitas entender cómo funcionar en mi territorio sin causar problemas. Ambas cosas requieren entrenamiento.

—No acordé entrenar.

—Acordaste obeceder. El entrenamiento es parte de eso.

Vi la frustración en su expresión, pero también el agotamiento. Había sido día largo para ella.

—Descansa —repetí—. Mañana será... instructivo.

Me alejé antes de que pudiera argumentar más, dejándola sola frente a su nueva habitación.

Mientras caminaba de regreso hacia mis propias estancias, consideré la situación.

Tenía un Sifón bajo mi control directo. El Consejo había aceptado su presencia, aunque con reservas. Las Trece Llamas no podían alcanzarla aquí.

Todo había salido mejor de lo anticipado.

Excepto por un detalle inesperado.

Cuando la había marcado, cuando mi poder había atravesado su piel, había sentido algo inusual. No solo su magia, que era considerable. Sino una resonancia. Como si mi poder hubiera reconocido algo en ella que no debería estar ahí.

Como si el Sifón hubiera respondido a mi toque de forma diferente a como respondía a otras magias.

Eso era... interesante.

Y potencialmente complicado.

Pero eso era problema para mañana.

Por ahora, tenía un Sifón bajo mi techo.

Y necesitaba descubrir exactamente qué hacer con ella.

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