Me besó con una intensidad que me robó el aliento. No era el fuego desesperado de esta mañana sino algo más profundo, más oscuro, más posesivo.
Sus manos se movieron por mi cuerpo mientras me empujaba hacia atrás hasta que mis piernas tocaron el borde de la cama.
—Nox… —jadeé cuando sus labios bajaron por mi cuello, mordiendo con fuerza suficiente para dejar marca—. Los demás están justo al lado…
—Entonces tendrás que ser silenciosa —gruñó contra mi piel, y el tono oscuro de su voz envió escalo