—¡Deberías haber destruido todo! —mis manos empujaron su pecho de nuevo—. ¡Si realmente me quieres, hubieras...!
Sus labios se estrellaron contra los míos, cortando mis palabras. No fue suave, fue brutal, desesperado y furioso.
Lo empujé, intentando apartarlo, pero él profundizó el beso, agarrándome del cabello con una mano, manteniéndome en el lugar.
Mordí su labio con fuerza haciéndole sangrar, él gruñó pero no se apartó. En cambio, me levantó del suelo y enrolle mis piernas alrededor de su c