Nate alzó una ceja, con una sonrisa pequeña.
—¿Segura? Te ves a punto de desmayarte.
—Estoy bien —mentí, enderezándome en la silla.
Sonrió como si supiera exactamente que estaba mintiendo, pero no lo señaló.
—Las Trece Llamas —comenzó con su voz volviéndose más seria— no son lo que pretenden ser. Se venden como protectoras del equilibrio y cazadoras de amenazas. Pero en realidad son fanáticas que matan primero y preguntan... nunca.
—Lo sé —dije con amargura—. Lo sé muy bien.
Algo en mi tono hiz