Capítulo 22

El resto del camino estuvimos dentro de un silencio incómodo, y las palabras de mi tía sobre los rumores que se circulaban acerca de Zed, me rondaban por la mente, giro y lo miro, no parece ser la clase de hombre que lastimaría a una mujer, no le veo así. Simplemente no puedo. No tardamos mucho en llegar a la dichosa reunión, en donde tragué duro al darme cuenta que era en el hotel de Abel.

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