Camila
Llegamos a un edificio de gente adinerada, lo sabía porque Raúl vivía en una zona similar.
Entramos al garaje y luego bajamos pero antes de subir al ascensor me extendió su campera de cuero.
—¡No tengo frío! —Le dije extendiendo su campera devolviendola.
—No te lo pregunté ¡Úsala! —Volvió a darmela de manera brusca.
No hice caso y me la colgué en el brazo.
—Por favor Masha no quiero que alguien te vea así vestida, pareces prostituta.
—¡Lo siento! La próxima vez avísame que venimos a tu c