En lo profundo del bosque, la noche cubría los árboles como un manto oscuro y espeso, y el aire estaba impregnado de humedad y misterio. La quietud era perturbada solo por un leve crujir de hojas secas. En medio de esta atmósfera tensa, dos figuras se encontraban en secreto.
—¿Por qué no la trajiste ese día? —preguntó una voz llena de ira y resentimiento, su tono cortante como un cuchillo que se clava en la oscuridad.
Ginebra frunció el ceño, sintiendo la presión en cada palabra de su inter