Selene se encontraba limpiando las escaleras de la mansión, un ritual diario que había adoptado para mantener su mente ocupada. Su bebé, Aron, dormía plácidamente en una manta cercana, y el suave sonido de su respiración le daba un sentido de paz. Sin embargo, esa calma se rompió cuando, en medio del silencio, comenzaron a llegar a sus oídos gemidos provenientes del despacho de Alfa Luca.
Intrigada y, al mismo tiempo, perturbada, Selene sintió que su corazón se aceleraba. Se acercó sigilosame