Selene siguió al guardia por los pasillos oscuros de la mansión, su corazón latiendo con fuerza. El pequeño Aron descansaba en sus brazos, su cálida presencia siendo lo único que mantenía a Selene en pie. A cada paso, sus instintos de loba se encendían, alertándola. Todo parecía demasiado fácil, demasiado calculado.
El guardia la condujo a una puerta vieja, oculta tras unas pesadas cortinas. Selene frunció el ceño, deteniéndose un instante. ¿Qué estaba pasando? El lobo dentro de ella gruñó, i