Desde que se habían marchado, Serethia permanecía en la sala, leyendo uno de los libros de la pequeña biblioteca de Alec. Sin embargo, cada tanto su mirada se desviaba hacia la puerta, aunque solo habían pasado unos minutos desde que había quedado sola.
El silencio denso parecía alargar aún más su espera, como si el tiempo mismo se hubiera detenido en la casa. Frustrada, cerró el libro, pero apenas tuvo un instante distraerse en algo más que no fuera pensar en lo que ocultaba Alec, cuando su ol