Kennedy
—Suéltalo y despierta, Kennedy —esto último lo dijo casi cantando.
—¿Qué? —rezongué.
Me sentía tan cómoda que no creía haber tenido una pesadilla; de hecho, creía que no había soñado nada la noche anterior. Solo quería hacerme bolita y volver a sumergirme en aquella oscuridad tan tranquila. Estaba tan a gusto que no quería ni moverme.
—Luna, necesito que me devuelvas a mi Alfa. —Abrí los ojos al escuchar las palabras de Bennet y él se rio.
—No me digas así —me quejé e intenté hundir la