No podía evitar sonreír cuando no me estaba viendo.
—Pórtate bien, ¿entendido?
—¿De qué hablas? De hecho, ella pidió que viniera. Voy ganando.
—No presumas, solo te quiere aquí porque tú no puedes hablarle.
—Eso no significa que no pueda comunicarme. —Su risa resonó en mi cabeza mientras nos transformábamos.
Él soltó un resoplido para avisarle que habíamos terminado y que ya podía abrir los ojos. Ella parpadeó un par de veces, observando la forma de mi lobo.
—¡Estás enorme! —dijo ella, impresio