—Al menos déjame llevarte.
—¿Qué? —Lo miré de reojo—. ¿Ahora resulta que ya no tengo permitido caminar a ningún lado? Si es así, voy a tener que aumentar mi entrenamiento, porque si no, tu alfa va a tener una compañera obesa. A mí no me bendijeron con ese metabolismo de locos que tienen ustedes. Yo camino a todas partes.
Aquello también era mentira y lo más probable era que él se diera cuenta. Solo necesitaba ser capaz de tomar mis propias decisiones, como mi transporte, por mi cuenta. Ya me sentía asfixiada y apenas había pasado un día, un solo día.
No había participado en los entrenamientos grupales en un rato porque la tía Beth y Rayna me habían necesitado para cosas de la ceremonia. Estaba inquieta y necesitaba moverme. El simple pensamiento hizo que acelerara el paso.
—¿Entonces ahora tienes prisa? —Noté el tono divertido en su voz mientras me seguía el ritmo sin esfuerzo—. Creo que nunca había conocido a nadie que tuviera tantas ganas de llegar a la escuela.
—Bueno, considerando