—¡Oh, carajo! —Me sacudí y él me inmovilizó con un brazo sobre la cintura.
—No tan rápido, pequeña Alfa. No he terminado contigo.
No era Ben quien estaba al mando, y no me estaba quejando en lo más mínimo. Iba fuerte y rápido, y ya sentía las pulsaciones de mi orgasmo en la parte baja de mi vientre. Cuando creí que había llegado a mi límite, introdujo los dedos en mi interior y exploté gritando y maldiciendo a lo largo del clímax más intenso que había tenido en mi vida.
—A nuestra chica le gusta