Pasé un tiempo extra lavando toda la mugre del bosque, una y otra vez. Casi se sentía extraño no tener una capa de tierra cubriendo la piel. Justo cuando me disponía a cerrar el agua, que ya se había enfriado, una oleada de dolor me atravesó y apenas logré evitar caer al suelo. No podía respirar. Su manada literalmente estaba siendo retenida como cautiva.
¿Con quién demonios podía estar follando en ese momento? Apoyé la cabeza en los fríos azulejos mientras el estómago se me revolvía sin parar.