El silencio en el auto se volvió denso, casi palpable, mientras Joaquín observaba a Zaira, y ella fingía dormir. Él sabía que ella no dormía, pero respetó su necesidad de evitar la conversación. Ambos compartían una historia complicada, cargada de sentimientos no correspondidos y decisiones difíciles, pero Joaquín nunca había dejado de esperar que las cosas cambiaran.
De repente, el sonido de su teléfono rompió el silencio incómodo. Joaquín lo tomó del asiento trasero y vio que era su asistente.