Quince días después de haber comenzado estos entrenamientos, se había hecho evidente que no eran sólo compañeros en la vida, sino también en la lucha, capaces de empujarse mutuamente hacia sus límites más extremos.
Román, intrigado, por los comentarios que le hacía su esposa en casa, sobre el avance de Amira y lo que sucedía entre ella y el Alfa cada vez que se enfrentaban. Se animó a visitar de manera furtiva la arena de entrenamiento, para ver en primera fila de lo que le estaban hablando.
El