El silencio que siguió fue total y absoluto.
Aria miró a la mujer que acababa de declararse su abuela, buscando alguna señal de locura o engaño. Pero los ojos de Esperanza eran claros y firmes, llenos de certeza que no admitía dudas.
“Esperanza Duarte.” Valentina pronunció el nombre como una maldición. “Te creíamos muerta.”
“Me convino que así fuera.” Esperanza caminó hacia adelante con pasos medidos, y la multitud se apartó ante ella con el mismo respeto instintivo que habían mostrado a Aria. “Fingí mi muerte hace veinte años cuando me di cuenta de lo que ustedes planeaban. Lo que querían hacer con mi línea de sangre.”
“Madre.” Isabela había vuelto a forma humana, envuelta en una manta que alguien le había dado. Su voz temblaba. “Pensé que te había perdido. Por qué nunca dijiste que estabas viva?”
“Para protegerte. Para proteger a Aria.” Esperanza finalmente llegó al centro del claro, colocándose entre Aria y Konstantin. “La profecía ha sido guardada por la familia Duarte durante qui