Aria miraba la fotografía hasta que las letras se volvieron borrosas. Su padre. Encadenado. Golpeado. Capturado por los mismos monstruos que querían usarla como arma.
“Cuándo.” Su voz salió plana, vacía. “Cuándo lo tomaron?”
Isabela negó con la cabeza, todavía temblando. “No lo sé. Después de que se fue. Después de que te alejaste de él.”
La culpa atravesó a Aria como un cuchillo. Su última interacción con su padre había sido su rechazo. Su alejamiento mientras él miraba, impotente y herido. Y ahora podría no tener la oportunidad de arreglarlo.
“Es una trampa.” Damián habló desde donde se apoyaba contra la pared. “Obviamente es una trampa. Quieren que vayas a ellos.”
“Lo sé.” Aria no apartó sus ojos de la fotografía. “Pero es mi padre.”
“Un padre que te desheredó hace menos de veinticuatro horas.” Lucian señaló, aunque su voz era gentil. “Un padre que eligió su orgullo sobre tu seguridad.”
“No me importa.” Aria finalmente levantó la vista. “Es mi familia. No lo abandono.”
“Entonces no