El interior del hospital olía a muerte y productos químicos y algo más oscuro que Aria no podía nombrar. Valentina caminó adelante con gracia que parecía más baile que caminar, sus pasos resonando en los pasillos vacíos.
“Debo admitir.” Valentina habló sin volverse. “No esperaba que vinieras tan pronto. Y ciertamente no esperaba que vinieras sola. Eres más valiente o más estúpida de lo que calculé.”
“Vine por mi padre.” Aria mantuvo su voz firme. “Suéltalo y puedes tenerme.”
“Oh, querida.” Vale