El eco de los pasos de Ares retumbaba por los húmedos y malolientes pasillos del calabozo. Su lobo rugía dentro de él, desbocado, herido, enfurecido. La imagen de Isabel junto a otro macho no dejaba de repetirse en su mente.
Le atormentaba la idea de que iba con todas las intenciones de suplicarle que lo amara solo para encontrarla en el suelo, con otro hombre sobre ella y marcándola para reclamarla como suya a pesar de que eso la podía matar. El aroma de ella mezclado con el de ese otro bastar