Isabel encadenada, con el cuerpo lacerado por la tortura de la indiferencia la miró un poco confundida. La voz dulce y afilada de Gloria la dejó en el aire y por primera vez vio lo que realmente había en esos ojos, maldad.
Gloria, vestida con elegancia, con el porte de una reina, se sentó frente a ella y la observó durante un largo silencio.
―¿Por qué me mira así? ―Isabel no lo soportó más, su corazón siente un peso que no puede explicar y por alguna razón todo en ella está alarmado.
―¿Quieres