Seis meses habían pasado desde aquella noche que cambió sus vidas.
Seis lunas llenas en las que la tierra volvió a respirar sin el peso de la guerra. Seis amaneceres tras otros, donde los lobos ya no despertaban, temiendo perder a los suyos. El reino había vuelto a la calma. Los rugidos de muerte, los traidores entre las sombras y los gritos de dolor parecían ahora un mal sueño disipado por las risas de dos pequeños milagros.
Los mellizos de Ares e Isabel, Ailén y Kairos habían traído no solo a