Habían pasado días desde el colapso de Isabel en la cafetería. Días en los que el tiempo parecía haberse suspendido, colgando en un limbo espeso donde la realidad no terminaba de asentarse y el pasado golpeaba a su puerta en forma de sueños, fragmentos, ecos.
Cada noche, el mismo sueño.
Un bosque húmedo, bañado por la niebla. Hojas crujientes bajo sus pies. Un susurro entre los árboles y al fondo, unos ojos azules como el relámpago antes de la tormenta. Le hablaban sin palabras, le decían que