El salón de guerra del castillo del Este estaba sumido en un silencio expectante. Las llamas azules de las antorchas flotantes titilaban sin sonido, reflejándose sobre el mapa encantado que giraba lentamente en el aire. Henrry, de pie junto a él, tenía los brazos cruzados, los ojos clavados en el punto fronterizo donde todo había cambiado.
Frente a él, Ares mantenía la postura rígida, como un lobo a punto de atacar. Isabel, más contenida, mostraba una mezcla de sorpresa y dolor, como si su cuer