—¿Crees que puedes hablarme así como si nada, ser inferior? —Ladró Ares furioso, con el tono profundo vibrando en el aire, como si una tormenta estuviera por desatarse en su pecho.
—No te imaginas las ganas que tengo de partirte la cara. —Espetó Lucía con los dientes apretados, cruzando los brazos con fuerza sobre el pecho, dejando que cada palabra destilara veneno. —No sé qué clase de jueguito enfermo te traes con Isabel, pero juro por Dios que si la has lastimado o amenazado para que permanez