Habían pasado algunos días desde la interrupción de Briana. Isabel no había querido hablar de eso, ni con Ares, ni con nadie. La conversación que tuvo con él se había quedado suspendida como una amenaza constante, como una cuerda tensa a punto de romperse, pero por ahora necesitaba otra cosa: necesitaba aire y por eso estaba allí. De compras.
El centro comercial brillaba con las luces suaves de las vitrinas, con el murmullo constante de gente yendo y viniendo, ajenos a todo. Ares caminaba a su