El sonido de la puerta cerrándose resonó en la habitación como una sentencia.
Isabel se quedó inmóvil, con la respiración cortada, mientras Ares avanzaba hacia ella. No había súplica en su mirada, solo una decisión fría y una tristeza que parecía devorarlo desde adentro.
Él fue el primero en hablar.
—Logan se ha marchado. —Isabel sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies. Tardó unos segundos en comprender lo que acababa de escuchar.
—¿Qué? —Susurró, con la garganta seca. —¿Qué dijiste?
—Se