La recuperación fue lenta, como si su cuerpo dudara de si realmente valía la pena volver, pero volvió.
Día tras día, la palidez dejó espacio a un color más saludable, las náuseas disminuyeron, el pulso se estabilizó y las máquinas dejaron de pitar alarmas cada hora.
Isabel no entendía cómo, creía que era el brebaje que Logan le había conseguido tiempo atrás. Pensaba que era su propia resistencia o tal vez el simple instinto de una madre protegiendo a su hijo con cada latido, pero no era ninguna